Debo volver a trabajar, así no más. Hacerme cargo del tiempo fuera que he tenido y dejar que algunos de mis colegas descansen. El trabajo para mi es complicado y será mi prueba de fuego, pero siempre supe que tenía que pasar. El momento tenía que llegar. No hay plazo que no se cumpla.
Volveré a pisar lugares y a estar en situaciones que relaciono directamente con el consumo de codeína. Pero este es el mundo real. El mundo de quien no quiere más deudas con el pasaso, porque por donde mire el pasado, lo hice mal. Mi grupo de terapia, era que no, me aconsejan que pida una licencia más larga y me pase literalmente mis responsabilidades laborales por la raja. Pero no puedo hacerlo, hay palabra empeñada de por medio, y en esta nueva vida que estoy fundando la palabra volverá a tener un lugar central. Como alguna vez fue. Como siempre quiese que fuera. Un mundo de ideas y no de drogas. Pero el mundo me ofreció un gran descanso que tomé sin boleto de vuelta, fue como subirse a un tren y decidir no volver.
Debo refundar mi mundo, mis relaciones con compañeros de trabajo, mis palabras con mis jefes y compañeros, tratar de encontrar un lugar donde ir a nadar o hacer yoga a la hora de almuerzo. Es el desafío más grande que he tenido en años. Pero la decisión de dejar de ser esclavo ya está tomada.
Ahora los dejo, voy a juntarme con mi pareja a comprar unas pituras para puertas, cosas para la casa, una manguera para la lavadora, bueno, cómo les explico, el dinero sirve para muchas cosas cuando uno deja de drogarse. A cambio de ese mundo cerrado de feto adromecido aparecen cosas inimaginables sólo meses atrás. Hasta pronto.