La abstinencia de un adicto es una gran cosa. Es como una guerra. Tu estás en un grupo terapéutico y cuando un compañero o compañera recae es igual a estar en medio de una batalla. Las balas vienen por todos lados y lamentable, o afortunadamente, acaban de dispararle al que va al lado tuyo. Y tu debes seguir avanzando, porque sino te matan a ti también. Y uno siempre quiere vivir. Ves el cuerpo tirado de tu compañero de batalla, pero debes alejarte, seguir caminando. Esto no es una película, no es como Forrest Gump que puede ir una y otra vez a la línea de fuego a traer a sus camaradas heridos. Aquí hay que sobrevivir de verdad, y olvidar un poco. No tienes mucho tiempo para los lamentos, porque cuando te estás lamentando, dejas abierta la puerta de la debilidad. Y para estar abstinente hay que estar fuerte, todo el tiempo. No dudar cuando caminas por la calle, cuando vas en el metro o en la micro. No dejar que el miedo te paralice.
Llevo 49 días sin codeína, no ha sido fácil, pero pretendo seguir igual. Para siempre, no hay vuelta atrás.